domingo, 26 de septiembre de 2010

Dictado b / v

El bisabuelo recibió con bastante amabilidad a su bisnieto. Desde la vieja butaca observaba con benevolencia a su pequeño microbio, como él le llamaba. Le ofrecía bizcochos y galletas de avena, que eran su debilidad, inventaba historias absurdas y recitaba versos burlescos para divertirlo. Incluso cambió el mobiliario de la biblioteca para que el pequeño inválido, cuya movilidad era muy reducida, pudiera recibir allí sus visitas. Sólo pensaba en su bienestar.

Esta actitud tuvo muchos beneficios para el jovencito, que, a pesar de que era visto por sus compañeros como un chico débil, vago y rebelde, un imbécil que no servía para nada, comenzó a cumplir con su deber convencido por el viejo, a quien veneraba, y obtuvo varios sobresalientes en el bachillerato bilingüe.

Contribuyeron a este cambio las visitas de Sabina, una vistosa joven de abundante cabellera rubia y ojos de color avellana, de carácter reservado pero de gran sensibilidad. El joven reveló enseguida al bisabuelo que la consideraba divina, así que el viejo, lleno de buena voluntad, la convidaba habitualmente al aperitivo, y también a cenar a veces, pues había buena visibilidad en la carretera que comunicaba su vivienda con el centro urbano y ella nunca tuvo problemas serios a la vuelta, salvo una vez que un rebaño de vacas se atravesó y obstaculizó la vía, y otra que no vio el badén y le reventó una rueda.

Una noche en que se recibió el aviso de que llovería abundantemente, ella tuvo que abandonar la idea de aventurarse a conducir por aquella carretera de curvas bajo las aguas turbias de la rabiosa tormenta. Obviamente, fue invitada a dormir por el bisabuelo, quien, al abandonar la habitación para revisar las ventanas, adivinó, como sabio que era, que él ya no tenía cabida en aquella velada improvisada por el azar. El joven se puso nervioso, se ruborizó y, con una voz que parecía un rebuzno, le dijo que ella había devuelto la belleza a su vida vacía, pero no se atrevió a dar el paso definitivo. Ella le devolvió el valor con un suave y provocativo beso que le hizo vibrar, y fue entonces cuando él, libre ya de las trabas de la vergüenza,le pidió que fuera su novia.

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